Partamos de la base de que una gran mayoría de los aficionados al fútbol somos del Madrid o del Barça. Si bien algunos tenemos un equipo de la tierra como "primer equipo" no podemos evitar la simpatía hacía el bando culé o merengue.
Hablemos de una circunstancia hipotética, utópica o improbable, pero imaginemos que fuera real. Pongamos que se nos planteara la posibilidad de ser el Presidente de uno de estos dos grandes equipos.
La pregunta, así de repente, quizás nos echaría para atrás, es algo que probablemente nos viniera grande. Pero... olvidemosnos de la complejidad de manejar un club de tal envergadura, en el sentido de liderar una empresa, de mantener contenta a una afición, de lidiar con unos trabajadores, de dar la cara ante la prensa, de mantener una solvencia, de conseguir títulos, de transmitir una idea de club, de...etc...etc...
Lo único que tendrías que hacer sería sentarte en el palco y ver los partidos cómodamente, sentado en tu butaca de cuero. Planteado así, para cualquier fan de dichos equipos, sería una barbaridad decir que no. Sería como un sueño hecho realidad, ante tal situación a todos se nos llenaría la boca diciendo "Yo soy presidente del Barcelona" o "En el Madrid el máximo dirigente soy yo."
Pero... ¿os imagináis como sería ver un Barcelona-Madrid, sentado en el palco, al lado de tu homónimo opuesto? Probablemente no... Brazos cruzados, cara de póker, alegría contenida, rabia disfrazada... emoción edulcorada.
Esta actitud es fruto de un protocolo, de una demostración de elegancia, de caballería, de señorío.
Como apasionado esto me parece inhumano, es decir, comparto, entiendo y animo a que siga así ese protocolo; pero no puedo, no podría ponerme en lugar de Joan Laporta o Ramón Calderón e interpretar ese "no pasa nada" mientras presencio 3 goles de mi equipo y 3 goles del contrario en el mejor partido, quizás, del mundo.
No sería capaz de contener tales subidas de adrenalina. Al igual que no las pudo contener Laporta. Es lógico ese gesto, ese medio arranque de locura ante el gol de Messi.
Gol que suponía el empate ante el eterno rival, jugando con un hombre menos, en el último minuto del partido, en tu casa, con tu afición.
Gesto lógico, lógico pero inoportuno, hubiera sido mejor no haberlo hecho. Pero al fin y al cabo Joan Laporta también es humano.
Estoy seguro de que si hubiera sido yo el Presidente del Barcelona probablemente me hubiera invadido esa misma sensación que invadió a Laporta.Aunque metidos en toda esta situación irreal quizás sería un tal Juan La Puerta quien escribiera un blog criticando mi acción.
Pero volviendo ya al mundo real, lo malo de todo esto no es la acción que se produjo, lo malo es que ser presidente y aficionado no son dos cosas que puedan ir de la mano. O si no que se lo pregunten al bueno de Joan Gaspar.
El fútbol, no es para Presidentes. El fútbol, es para aficionados.
Sin duda prefiero ser un aficionado que va al campo con su camiseta, su bufanda (y ya que nos ponemos, su trompeta) y que se le llena la boca jaleando y animando a su equipo en un estadio.
Un loco que se deja llevar por las emociones, que da rienda suelta a sus sentimientos y que canta los triunfos de su equipo o llora sus derrotas.

bueno, creo que en general dedicarse a la política ( y ser presi de un club de fútbol lo es ) conlleva hacer uso de protocolos, medias tintas, interiorizar tus emociones , etc...La verdad, mejor ser un ciudadano de a pie!
Un saludo ; )